
Cuando llego a un semáforo en rojo, la vida no sigue. Es como si, con cada detención, mi vida sufriera una modificación irreversible, y la persona que continúa su rumbo con el semáforo que se pone en verde ya no es la misma que la que se detuvo ante el color rojo.
Todos los rasgos más evidentes, los que configuran las razones que me permiten ser reconocible, permanecen, pero hay algún secreto escondido en las bombillas de los semáforos, porque cuando esa luz ilumina mi cara, me abstraigo del mundo, y durante un instante siento una libertad contradictoria, como la de un preso enamorado de los recuerdos de su propia vida.
Y de pronto, el verde me reclama, y entonces no sé si estoy saliendo de la cárcel o entrando en ella.


5 comentarios:
Me ha encantado. Pero lo que más me gusta es poder leerte ahora siempre que quiera.
De hecho, ahora mismo te agrego a mi blog. Incluso dedicaré un post recomendando el tuyo. Pues a muchos de mis lectores también les gustaría poder disfrutar de todo lo que escribes.
Te felicito por el blog. Es bonito. Es sencillo, pero bonito, como a mi me gusta.
Ni que decir, que te visitaré cada día.
Felicidades por este semaforo en rojo, frente al que quiero estar detenida mucho tiempo.
"...y todos los semáforos en ROJO eran puntos de derroche"
Dice una canción del gran Chaouen..
Me ha gustado mucho el comienzo de tu blog, me gustan los semáforos en rojo y en verde, el ámbar ya no me convence..
Lo visitaré, suerte en todos tus proyectos!
:)
Felicidades!!
Me gusta mucho el comienzo del blog, es un texto muy bonito...
Lo visitaré cada día, porque tengo muchas ganas de seguir leyéndote :D
Tiene muy buena pinta este blog. Me lo guardo en Reader e iré leyendo :)
Gracias! Vamos allá! :-)
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